La gran pregunta que una se hace siempre es ¿En realidad voy a contar todo?, ¿Y si lo leen mis amigos, mi familia, aquellos que fueron parejas estables? Nada me importa. Fuck You All.Yo hasta los 21 años era una chica casi normal. Vivía en el Oeste del Gran Buenos Aires, en una localidad tranquila, hice toda mi primaria y secundaria en un colegio privado bilingüe, de los tres hermanos se podía decir que era la mas rebelde, pero mis rebeldías eran tonterías derivadas del mal carácter y la vida fácil. Terminé la secundaria con notas aceptables y sin llevarme materias, mi colegio, mis amigos, los lugares a los que salía estaban todos dentro del radio de veinte cuadras de mi casa. Vida de provinciana sin complicaciones.
Por esa epoca no tomaba ningún tipo de drogas, y como cualquier chica normal, bebía alcohol (Fernet, Cerveza, a veces Vodka) en la "previa" de las salidas para ir mas entonadas y perder las inhibiciones. Hablando de perder, a los dieciséis, también perdí mi virginidad con un "novio oficial". Pasando en limpio, mi vida iba casi como siguiendo el reglamento de la Persona Normal Argentina del Siglo XXI. Al menos a la vista de mis viejos.
En Enero, en general en la segunda quincena, veraneábamos en Villa Gesell. Todos los años, a la misma casa alquilada, con mis tíos, y mis abuelos maternos. Nos trasladábamos en dos autos, en viajes que duraban diez o doce horas porque a mi abuela le daba miedo viajar de noche, y en cambio de quincena el tráfico era imposible. En Gesell al menos hasta los 19, seguía la rutina de la familia la cual, si se quiere, era todavía mas rígida que la de mi casa en Buenos Aires. Diez Horas; Levantarse, Diez Treinta: Desayunar Once Horas: Ir a la Playa, Trece Horas volver Trece Treinta: Almorzar, Catorce Treinta: Siesta, Dieciseis Horas: Playa de nuevo, Dieciocho Horas volver a tomar el Te. Diecinueve Horas bañarse, Veinte Horas; Ir a dar la vuelta a la Avenida 3, Veintiuna treinta horas: Cenar, Veintidos Treinta (si mi viejo no veia un partido de futbol) mirar una pelicula o leer un libro. Veinticuatro horas: Apagar la luz para dormir.
Quince dias haciendo lo mismo. Juro que lo respetaba pues había sido criada de esa manera.
Esas eran mis vacaciones. Hasta el dia que me rebelé. Tenía 19 años y conocí a Pato en la playa. (Pato no se llama Pato, pero no quiero mandarla al frente). Era mayor que yo, 24 o 25 años muy delgada, con varios tatuajes en la piel, pelo cortito con flequillo rolinga, piercing en el ombligo y en el labio. (mucho mas tarde aprendería que había un tercero...) Me había tocado ir a buscar comida a una Rotiseria con mi hermanita (entonces tenía 12). Todo estaba atrasado, y Pato esperaba con nosotras. Lo natural fue conversar. Pegamos buena onda de entrada. Me preguntó a que playa iba y allí quedamos.
Volvimos a encontrarnos en la Playa, mas de una vez, charlamos mucho, y fue natural que me invitara a "dar una vuelta". Mis viejos, que me habían visto con ella, la catalogaron al toque: " Drogadicta, Lesbiana, debe andar en cosas raras, fijate esa malla como le deja todo el culo al aire etc." Cuando dije que no cenaba en casa y salía hubo un conato de gritos y respuestas mías, pero fue mi abuelo quien me tiró la soga "Tiene 19 años déjense de joder, ¿La quieren, dejar encerrada hasta los 40?.
Finalmente salí. En una de las primeras charlas en la playa, Pato me había tirado los perros. Era chica pero no imbécil y mi respuesta fue " No soy Gay", La respuesta fue, "yo tampoco, pero cuando pego onda con alguien, no me importa el sexo". Sin embargo, quedó claro el limite. Cuando me dijo de salir, hizo la innecesaria aclaración, "no te voy a violar, tranquila". Por entonces, yo debía dar una imagen de bastante pelotuda.
Tomamos algo, después caminamos por la playa, y nos sentamos a esperar el amanecer. No intentó ponerme un dedo encima, y mi sensación era una mezcla de alivio y desilusión.. Cosa de locos. Cuando volví a casa, las caras de culo llegaban hasta el piso. Pero nadie me dijo nada. Creo que no se animaron a conocer la respuesta.
Pato conocía gente en Gesell, mucha gente, y pronto me integré a su grupo de amigos. La mayoría estaba en camping y sin un peso encima. Las salidas eran muy divertidas, y todas terminaban en la playa con un radio grabador viejo escuchando música. Una de esas noches fumé mi primer porro, y fue una desilusión. No sentí nada distinto a beber tres fernets. Pero me relaje tanto que me quedé profundamente dormida. Abrí los ojos, y el sol estaba alto. Deberían ser las ocho o las nueve de la mañana. Mi llegada a casa fue caótica. Mi viejo ya había estado en la Comisaria, todos lloraban y me insultaban. Creo que fue mi tia la que dijo "tiene olor a Porro".
Cuando mi santa madre con cara de circunstancia me preguntó "¿Usaste Protección?" (supongo que me imaginaba en una monumental orgía de drogas y sexo), sin pensar le dije que "No" pero a propósito no dije nada mas. En realidad era verdad que no había usado, pues en esas noches en la playa, nadie me había puesto un dedo encima. Había parejas que hacían sus cosas, incluso Pato, cada tanto se enroscaba con alguien en los medanos, pero a mi no se me acercaron nunca. De todos modos tuve el placer perverso de no aclarar nada. Que piensen lo que quieran. como decía al principio Fuck You!.
Muy interesante tu relato, y sobre todo muy bien narrado. Realmente me quedé con ganas de más.
ResponderEliminarVeo que es tu primera entrada en el blog.
Habrá más...?
cada vez que pueda
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